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Una de las mayores confusiones que sigue arrastrando el sector energético es asumir que un proyecto BESS puede valorarse igual que un proyecto renovable.
A simple vista parecen modelos parecidos: ambos están asociados a activos eléctricos, ambos participan en los mercados de energía y ambos aspiran a maximizar ingresos en un entorno volátil. Pero, en realidad, hablamos de activos completamente diferentes.
Una planta eólica o solar tiene un perfil más o menos fijo, condicionado por patrones meteorológicos. Una batería tiene miles de posibles perfiles cada día, porque su valor no está en producir energía, sino en elegir cuándo cargar, cuándo descargar y en qué mercado hacerlo.
Todo esto hace que la valoración de proyectos de energía con almacenamiento, ya sean standalone o hibridados con renovables, requiera de una metodología completamente distinta.
Por eso, valorar proyectos BESS o flexibles no es lo mismo que valorar un proyecto tradicional de renovables al uso.
Mientras que los activos renovables tradicionales dependen de uno o dos mercados principales, los ingresos de una batería provienen de una combinación simultánea y estratégica de múltiples mercados. Esta es una de las diferencias estructurales que impide usar modelos de valoración clásicos.
Las baterías pueden generar ingresos arbitrando en el mercado day-ahead, reposicionándose en intradía, participando en servicios de balance como los servicios de ajuste de frecuencia secundario (aFRR) o terciario (mFRR) o de Reserva de Sustitución (RR), ofreciendo soporte en nodos congestionados o incluso mediante mecanismos de capacidad que aportan estabilidad financiera. A esto se suman cada vez más acuerdos bilaterales y contratos específicos para BESS, todavía emergentes pero en crecimiento.
Frente a esta realidad, la diferencia con renovables es abismal. Un proyecto fotovoltaico vende lo que produce, cuando lo produce y al precio que marca el mercado. Una batería, en cambio, elige dónde, cuándo y cómo ganar dinero, y esa decisión cambia cada hora del año en función de precios, spreads, rampas del sistema, señales de congestión o liquidez en los servicios.
La flexibilidad operativa es el núcleo del modelo de negocio.
Esta lógica convierte al revenue stacking de un BESS en algo vivo, dinámico, y altamente dependiente del comportamiento real del sistema eléctrico. Y valorarlo exige entender esa complejidad.
El almacenamiento no es un activo “virtual” que pueda asumirse ideal en un Excel. Su comportamiento físico condiciona directamente su capacidad para generar ingresos. Por eso, se debe prestar atención a una serie de elementos técnicos que cualquier modelo serio debe incorporar:
El modelo supuesto para la batería en un excel no se parece en nada a una batería conectada a un mercado real, con reglas estrictas y penalizaciones por incumplimiento.
Este conjunto de condicionantes físicos y operativos es lo que convierte la valoración BESS en una disciplina propia. Sin ellos, cualquier cálculo queda incompleto o produce resultados engañosos.
Si en renovables ya resultaba insuficiente utilizar curvas de precios promedio, en proyectos con almacenamiento es directamente inviable. Como hemos visto, el valor de una batería está en los spreads, en la volatilidad intradiaria, en las rampas pronunciadas del sistema y en los días extremos en los que un BESS captura gran parte de su rentabilidad anual. Por eso la necesidad de utilizar curvas de predicción de precios battery-ready, capaces de reproducir eventos extremos y comportamientos reales del mercado.
Otro punto importante es entender que una batería no opera siempre igual. Puede adoptar estrategias agresivas, maximizando ingresos a costa de una degradación más rápida, estrategias equilibradas que intentan optimizar la relación entre beneficio y vida útil, o estrategias conservadoras que buscan estabilidad y bajo desgaste. Cada una de ellas conduce a resultados financieros muy distintos, tanto en ingresos como en TIR.
Por eso no existe un único número “correcto” a la hora de valorar un BESS. El resultado es un rango estratégico de posibles salidas. La valoración adecuada de los proyectos con almacenamiento de energía mediante baterías debe capturar esa variedad de escenarios y comportamientos para poder ofrecer una perspectiva realista del proyecto.

Uno de los mayores desafíos en la valoración de almacenamiento es entender que una batería puede participar, a veces simultáneamente, en varios mercados.
¿Cuándo conviene arbitrar y cuándo reservar capacidad para un servicio de balance? ¿En qué momentos no operar para evitar degradación innecesaria? ¿Qué ocurre si el operador del activo no ejecuta la estrategia óptima? ¿Qué pasa si el año es meteorológicamente anómalo o si una reforma regulatoria cambia las reglas del juego?
Estas preguntas no pertenecen al mundo financiero clásico; pertenecen al mundo operacional. Y ahí reside precisamente la diferencia fundamental entre valorar proyectos de energía renovable y valorar proyectos con almacenamiento energético.
Incluir la incertidumbre en el sistema de modelado, permite definir futuros alternativos, modificar condiciones de red, liquidez y penetración renovable, comparar configuraciones, evaluar la sensibilidad de los ingresos y analizar los cashflows resultantes.
Esto nos acerca a las respuestas a las preguntas que hace solo unos años eran imposibles de abordar: ¿cuál es el tamaño óptimo de la batería?, ¿qué duración es realmente rentable?, ¿cómo se transforma el revenue stacking a medida que aumenta la penetración renovable?
Por eso decimos que los modelos de valoración adecuados para reflejar de una forma más aproximada el comportamiento real de un sistema que incorpore baterias tienen en cuenta la incertidumbre como una pieza central del proceso de valoración.
La transición energética ha introducido nuevas dinámicas y nuevos riesgos, pero también nuevas oportunidades para quienes sepan interpretarlas. Un modelo que capture esa complejidad no solo mejora la precisión financiera: permite tomar decisiones de inversión realmente informadas en un sector que evoluciona más rápido que nunca.
En este contexto surge la necesidad de modelos y herramientas capaces de representar esta complejidad sin simplificarla en exceso. Se necesita adoptar un enfoque que pueda integrar volatilidad, estrategias, mercados simultáneos y restricciones técnicas de manera coherente.
Herramientas como One Hub Analytics nacen precisamente para cubrir ese vacío: permiten simular el comportamiento real de un proyecto BESS o híbrido en distintos futuros, evaluar su participación en todos los mercados relevantes y entender cómo las decisiones operativas impactan en ingresos, degradación y KPIs financieros.
Si quieres saber más sobre esto, te invitamos a descubrir la página de One Hub Analytics o a solicitar una demostración.
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